miércoles, 9 de abril de 2014

Afeitado con maquinilla clásica


 















En la época actual, de crisis, en la que uno no sabe dónde se mete el dinero, o cómo controlar mejor el que tiene, que dia a dia va disminuyendo, pensé en hacer un artículo útil para el que lo estime oportuno.
Pensé que debía de ser algo que se hiciera a menudo y que con un simple cambio, me permitiera ahorrar sin perder calidad. Entonces tuve la idea del afeitado, imprescindible para un hombre, un lujo muy caro en nuestros días.Como la gran mayoría, uso cuchillas de varias hojas cuyos recambios tienen un precio bastante alto. Intento aprovecharlas al máximo, imagino que como todo el mundo.

¿Cómo reducir el precio del afeitado?
Tuve una idea... usar la maquinilla clásica, con sus hojas de dos caras.

Lo primero era encontrar una maquinilla de esas características y buscando por casa, encontré la que fue la de mi abuelo.
Tras el paso de los años, puede tener más de cincuenta, vi que su aspecto requería una buena limpieza, así que opté por buscar una nueva que no me costase mucho para poder probar y, en el caso de que diese buen resultado, limpiar a conciencia la de mi abuelo y utilizarla a diario.
Mi primera sorpresa fue que encontré una maquinilla con hojas incluidas de la marca Wilkinson a un precio más que razonable. La maquinilla es en su mayor parte de material plástico. Se desenrrosca la tapadera de la cabeza a través del mango para insertar la hoja de afeitar. La brocha se compra a parte, lo mismo que el jabón.

Según los consejos de varios sitios en internet, usé agua caliente para mojar la brocha y tomar el jabón de afitar del tarro. Primera conclusión: la brocha no es buena, los pelos se le van cayendo, aunque ya contaba con algo así, es una brocha sintética y ni por asomo el tacto es como la que usan los barberos, pero cumple su objetivo que es extender la espuma por la cara.

El afeitado de la maquinilla es muy bueno, irritándome la cara menos que las de varias hojas, siendo muy apurado. Vamos, que deja a esas maquinillas carísimas a la altura del betún. Segunda conclusión: no vuelvo a usar más esas maquinillas que además de ser muy caras, producen un desecho mayor que una simple hoja de afeitar.

El jabón es el complemento ideal. Tercera conclusión: en cuanto pueda, compro una buena brocha de afeitado.


Pues teniendo cuidado al usarla, pues el riego de darse un corte manejando la hoja de afeitar al colocarla en la maquinilla es evidentemente mayor, sabiendo que se ha de invertir algo más de tiempo en ello, pues extender la espuma no es solo sacarla del bote a presión y con un mayor cuidado en su uso, tengo que decir que me ha gustado bastante este tipo de afeitado con maquinilla clásica.
Limpiaré la de mi abuelo con la Dremel y ya veremos cómo queda. Ya os contaré...

lunes, 24 de marzo de 2014

La grieta

Director: Juan Piquer Simón
Actores:Jack Scalia, R. Lee Ermey, Ray
Wise
Duración:89 min
Género: Terror
País:España
Año: 1990





Hubo un tiempo en que un hombre se atrevió a hacer cine fantástico y de terror con escasos medios y mucha fe: Juan Piquer Simón. Exacto...un español.
La crítica española no lo acompañó, el público sí, sobre todo el extranjero.
El paso de los años, afortunadamente, y un mayor conocimiento en materia cinematográfica de muchos cinéfilos que ya no se asustan por ver una película española de terror o fantástica, está haciendo justicia con este monstruo del fantaterror español, al estilo de lo que pasa con nuestro querido Jacinto Molina.
Con un estilo de narración muy americanizado, algunos de sus films son para quitarse el sombrero, no por su factura impecable precisamente, sino por su buen hacer, su sinceridad, sus ganas de hacer lo que nadie se atrevía a hacer en nuestra querida España por aquel entonces. Juan fue un artesano del celuloide, un maestro que fabricaba sus propios juguetes cinematográficos y los resultados eran mucho más que aceptables... Que sí... que ya sé que la crítica española lo vapuleaba... vale, pero aquí de lo que se trata es de hacer un pequeño homenaje, de poner un pequeñísimo granito de arena en este minúsculo rincón nuestro, a favor de un hombre que se atrevió a hacer fantástico y terror en un país donde el cachondeo y el destape eran los reyes del mambo.
Afortunadamente, en el extranjero, la cosa era al revés.
Juan Piquer Simón cuanta con la que es una de sus obras más representativas titulada Mil gritos tiene la noche (1982), de la que recuerdo su cartel en un cine de mi barrio, en la que la casquería y el gore te salpican hasta las cejas...cine gore español de principios de los ochenta...un slasher cutre pero efectivo que machacó las taquillas americanas y por aquí pasó de forma discreta...claro...como era una peli española, ya era vista con la marcha puesta. Como digo, esto está cambiando, es justo.
La grieta cuenta el viaje de un submarino en busca de otro desaparecido y se topan con lo que no esperaban: experimentos genéticos bajo el mar.
La grieta es un ejercicio artesano, con actores como el sargento de la chaqueta metálica (Ermey) o Pocholo Martínez Bordiú por cuyo papel no ganó precisamente un Oscar, pero bueno...como curiosidad, bichos ochenteros resultones, su toquecillo sangriento pero sin querer pasarse esta vez y un submarino bastante bien hecho para el presupuesto, conforman el entorno de esta película, que entretendrá a todo aquel que quiera ver algo distinto por su país de origen, pero manido hasta la saciedad en las producciones norteamericanas.
Para recuperar sin duda y sin reservas. Goya a los efectos especiales.
Recuerdo que vi el cartel y los fotogramas que solían colocar a la entrada del cine de mi barrio y me llamaron la atención, pero al ver nombres españoles en dicho cartel, decidí que sería una porquería y pasé de ir a verla...¿os suena? Injusticia total, total, total...El tiempo NOS pone a todos en nuestro sitio.
"Su respuesta me gusta... se ve que tiene cojones...pero en el futuro procure meterlos dentro del uniforme reglamentario"

viernes, 28 de febrero de 2014

JCVD (Jean Claude Van Damme)

Director: Mabrouk El Mechri
Actores:Jean Claude Van Damme, F. Damiens, Zinedine Soualem
Duración:93 min
Género: Comedia dramática
País:Bélgica
Año: 2008






Cuando, en mis tiempos de instituto, ponían una de Van Damme en el cine, allí estaba yo, el mismo día del estreno, a primera hora de la tarde para poder verla con la menor cantidad de público posible, daba igual que fuese invierno o verano.
Salía alucinando con mi héroe del celuloide dando patadas, puñetazos, tiros y siendo el tío más duro de la pantalla, con permiso de Anrold y Silvester.
El tiempo pasa, las personas cambian y evolucionan (algunos) y un buen día, dejé de ir a ver esa peli de Van Damme...
Estando en el videoclub de mi barrio, ya sin mis queridos VHS, vi un cd de Van Damme, leí su argumento y pensé...esto es otra cosa.
Lo cierto es que no imaginaba en ese momento el peliculón que estaba a punto de ver...
Esta es una película para sus fans,para los que no lo fueron y para los que se quedaron en medio. Una película sincera, directa y emotiva en la que vemos no a Van Damme sino a  Jean-Claude Camille Rammos François Van Varenberg, la persona que hay tras el celuloide, pero no olvidemos quién es...mucho ojo, más de uno recibe un patadón en los dientes como está mandado en todo film de Van Damme.

Comencemos...
La película arranca con un  plano secuencia bestial de tiros, patadas, puñetazos, saltos con un Van Damme espectacular, un pedazo de escena de acción memorable que nos recuerda al mejor Jean Claude de todos los tiempos, con una banda sonora increíble y una fotografía cuidadísima. Cada detalle está cuidado al milímetro, nada se deja al azar, para terminar cerrando una puerta y cayendo el decorado...es, entonces, cuando empieza la verdadera película, con ese decorado, cae la estrella y aparece el ser humano, alguien como tú y como yo, con problemas y miedos más que comunes y no los soluciona a patadas, los enfrenta como cualquiera lo haría: dando cornadas.
Se enfrenta a un juício que aparentemente es por la custodia de su hija y lo pierde de la manera más inversoímil: por las muertes de sus películas, no es un buen ejemplo de padre. Cada película es una losa violenta que va cayendo a cada golpe del abogado sobre Van Damme...
Pierde la custodia, no tiene dinero, su manager no le consigue más que basura, nadie quiere trabajar ya con él, nada de trabajos de calidad, su estrella ha pasado de brillar como una supernova a un lejano y pírrico cuasar, fantoche de lo que fue, cansado, hundido, humillado...
Decide regresar a casa, a Bélgica, para recuperse junto a sus padres. Allí es un héroe nacional, todos lo reconocen, todos lo admiran. La escena del taxi es fantástica, cansado, no le queda más remedio que aguantar a la conductora que le dice que no es una persona educada, está cansado...
Al entrar a un banco para sacar dinero, se topa con un atraco y la película se torna una especie de Tarde de perros. Uno de los atracadores es un gran admirador suyo. Van dame es golpeado, humillado, tiene miedo, es un tío normal en medio de un atraco, no es un ciborg, ni un soldado universal,ni un personaje de street fighter, ni un blanco humano, ni un kickboxer, ni un sin escape, ni un salvaje...

Es un ejercicio de metacine impecable, cuidado, con cariño, esmerado, perfecto...
La escena en que todo se detiene y Van Damme se dirige a cada uno de nosotros, a sus fans, hace que se te salten las lágrimas al ver la sinceridad de un tío al que jamás viste llorar, dirigiéndose a ti, a ese fan que un buen día, dejó de ir al cine a ver sus pelis. Habla de la droga, no se justifica por ello, pide perdón, pero en realidad, se lo pedimos también nosotros a él...

No cuento más, es una peli de Van Damme pero es un regalo a los que fuimos sus fans, a los que aún lo somos.
Cuando la peli acabó, me quedé pensando y sentía algo extraño, como si en mi interior, aquel adolescente que echaba de menos a su héroe, se hubiera reencontrado con él. Ahora, siendo adulto, ya no veo a Van Damme de la misma forma. Ahora, en Los mercenarios 2, lo disfruté de otro modo, no paraba de pensar "qué grande eres...gracias Jean Claude...gracias amigo". Porque ahora, cuando lo veo de nuevo en sus viejas pelis, vuelvo a sentirme como aquel adolescente que flipaba con sus patadas y me hace pasar un rato agradable, con respeto y cariño. Sus películas forman parte de mi vida y yo, como fan a ultranza suyo, he formado parte de la suya como tantos y tantos otros, desde el anonimato, pero todos juntos. Como se suele decir...GRANDE VAN DAMME. Yo sólo te digo gracias...
La edición española del DVD es impecable, con un documental en el que Jean Claude nos pasea por su ciudad, nos enseña la vida corriente de una persona corriente. Sin desperdicio por ningún sitio.

Recomendable al mil mor mil pero cuidado...no es un film de Van Damme al uso, aunque...es Van Damme...


"...todo es neutral..."

sábado, 22 de febrero de 2014

ZX Spectrum... Aquella máquina maravillosa



 Siempre recordaré la primera vez que vi un Spectrum. Fue en casa de un amigo del colegio.
No recuerdo muy bien qué época del año era, aunque no hacía ni frío ni calor, o tal vez, mi memoria, en un esfuerzo de mejorar aún más el recuerdo de aquel instante, para hacerlo más agradable, ha eliminado el frío, si era invierno, o el sofocante calor, si era verano, y lo ha dejado en una primavera perpetua y ficticia...
Corría el año 1983 y aquel chaval estaba como loco con ese pequeño    cacharro de teclas de goma, jugando a un juego llamado Underwurlde.


Yo no soy capaz, con mi torpe vocabulario, de describir lo que sentí en aquel instante, pero desde luego sí fue un amor a primera vista, porque desde aquel día, no paré de dar la matraca en casa hasta que me compraron uno, pero eso lo contaré más adelante.
Cada tarde, tras las interminables clases, aquel chaval y yo conectábamos el Spectrum a un cassette Sanyo y jugábamos al Underwurlde, al Jet Pac, al Psss, al Cookie... y en definitiva, salvo el primero de ellos, a los que venían de regalo con el ordenador de 48K.

La televisión era en blanco y negro, el mando creo que se llamaba "Gran Capitán", que yo no sé si era bueno o malo, pero que arrancamos la palanca de su base, jugando al Jet Pac sí que me acuerdo... y fin del mando, hasta que apareció el fabuloso Quick Shot 2 y aquello era irrompible.

Aquella tarde era verano, lo sé porque recuerdo que nos caían unos chorreones de sudor mientras intentábamos cargar una y otra vez sin éxito un juego de cuyo nombre no puedo acordarme y eso que la cinta era original, así que decidimos recurrir de nuevo al Underwurlde. Recuerdo que la madre de mi amigo entró al cuarto con un par de vasos de ColaCao fresquitos y nos dijo: "aquí huele a cable quemado"... Pasamos de su advertencia por un tubo y continuamos jugando, viendo como el personaje se despatarraba por simas de infarto, rebotando hasta caer en los mas oscuros infiernos mientras nos partíamos de risa... hasta que sucedió lo inevitable...creo que la palabra correcta que mejor define lo que le pasó a aquel pobre Spectrum es "achicharrar": lo achicharramos... porque decir que se quemó, que un circuito se fastidió por el calor, no recoge el grado correcto... lo achicharramos...
Y nos encontramos sin nada que hacer, deambulábamos por la calle como un par de idiotas, jugando a la pelota, pero sin ganas...Fuimos de los primeros en cambiar los juegos de la calle por la tecnología, nos aburríamos... hasta hicimos el tremendo esfuerzo de desempolvar las bicicletas y liarnos a pedalear por el barrio, volvimos a encontrarnos con los amigos, hasta que un día, sonó el góndola que tenían mis padres en el salón y mi amigo me dijo que ya estaba arreglado el Spectrum.
Tomamos precauciones para que no se volviera a quemar: le pusimos el ventilador a él.
Aquel arreglo aguantó, no recuerdo que se averiase más aquel Spectrum, salvo por las teclas, lo que sí recuerdo es una de sus últimas imágenes, la pintura negra levantada hasta dejarlo en el color aluminio, gastado... hecho leña...

En 1984, vi en un escaparate de una tienda de mi barrio el que sería mío, un 48k y qué tabarra no le daría a mis padres aquel domingo que el lunes por la tarde fueron a comprar aquel ordenador, que ellos no sabían ni lo que era por mucho que yo lo explicara.
Lo conecto, le pongo un viejo cassette que había en mi casa y... no me cargaba ni un solo juego...eso sí, la cinta promocional de Horizontes, para aprender a poner a funcionar el Spectrum cargaba a las mil maravillas... por mí, la cinta Horizontes y sus consejos podían irse a freir espárragos.
El martes por la tarde fuimos de nuevo a la tienda y comentamos la terrible situación, cuyo remedio fue comprar un Computone y desde entonces, todo fue cuesta abajo. Todos los juegos cargaban, se recargaban una y otra vez. Como premio a la enorme dedicación y abnegado esfuerzo del Computone, una tarde que llovía a cántaros, al darle al botón para expulsar la cinta, se atrancó y en un alarde de suma sapiencia...le arrancamos la tapadera de un tirón... y así fue como mi primer Computone tuvo que ir a reanimación de críticos y mi padre lo chapuceó para que continuase tirando unos meses más, o años más, no lo recuerdo.
Cuando el Computone estiró la pata, fue enterrado en el cubo de la basura con honores de estado y sustituido por un aparatejo del que no recuerdo su marca pero que en la caja ponía que era especial para ordenadores. Aquel cassette era un maniático que me iba a volver loco: unas veces cargaba un juego y las diez veces posteriores no. Era un asco, una chatarra y encima me rompió una cinta en la que tenía mi juego de naves favorito: el Phoenix (Fénix "pa" los colegas). Aquel sábado firmó su sentencia de muerte y fuimos a por otro cassette... otro Computone... y aquel trasto inmundo acabó sus días rodando por casa de mano en mano hasta que un día lo desarmé para ver cómo era por dentro, se rompió, por supuesto, lo machaqué del todo, lo tiré y me hice un mini ventilador con aspas de papel con su motor enganchado a una pila de petaca.

El Spectrum, mientras tanto, ya había pasado por el quirófano con las dichosas teclas, los juegos se acumulaban... cintas y más cintas para acabar jugando al final, siempre a los mismos... y las teclas del Spectrum se fundieron por última vez.
No sabíamos dónde poder arreglarlo, el que lo hizo la primera vez había cerrado y el viejo amigo de teclas de goma languidecía acumulando horas de NO vuelo en el escritorio, hasta que un día, lo guardé en su caja y lo deposité en lo alto de mi armario, pues se rumoreaba por casa que si no servía que iría a la basura.
Meses después, mis padres me regalaron un 128k+2A y todo volvió a comenzar (descubrí un día que habían dado con el escondite del 48k y lo habían tirado con caja y todo). Aquella máquina era indestructible, la guardé cuando en 1998 adquirimos nuestro primer Pc y entregó la cuchara funcionando...

Hace unos días, haciendo limpieza en casa, me topé con él y todos sus componentes y lo enchufé pero mi buen amigo ha acusado el paso del tiempo y no funciona, las teclas no responden. He investigado un poco por internet y dicen que puede ser por causa del polvo, que si lo limpio bien por dentro, las conexiones, todo, lo mismo vuelve a funcionar... Ojalá, porque aún conservo una maleta llena de cintas con juegos. Hay emuladores, pero no es lo mismo. Por cierto, que el Quick Shot 2 que yo tenía desde el primer 48k, aún lo tengo... Vamos a ver si soy capaz de devolverlo a la vida de nuevo. No tengo ni idea de electrónica pero... ¿Quién dijo miedo? Si lo consigo, lo contaré por aquí.

Para terminar y como siempre pongo una frase en los comentarios que hago de las películas y esta historia tiene una frase muy buena, la pondré.
La pronunció mi tía el día 6 de enero de un 1985 perdido en los rincones de mi memoria sobre un primo mío que pidió un Spectrum a sus Majestades de Oriente:


"Si no se lo traen... revienta"